POTENZA-FORZA DEI FRATELLI DEL GHETTO

A principios de los años 70, el Bronx se había convertido en una de las zonas más degradadas y conflictivas de Nueva York. El que fuera un barrio de clase media había perdido tejido industrial y carecía de infraestructuras para atender las necesidades de la población negra residente en el lugar, a la que se había sumado una inmigración procedente de países latinoamericanos, principalmente Puerto Rico. Entre otros problemas, el barrio tenía un gran índice de desempleo, gran absentismo escolar, tráfico de drogas, toxicomanía y unas cotas de inseguridad que convertían al Bronx en uno de los lugares más peligrosos de la Gran Manzana.

Sin perspectivas laborales, muchos de los jóvenes del lugar habían comenzado a organizarse en bandas, que establecían una suerte de red de apoyo con la que sus miembros sobrellevaban el abandono al que les habían abocado las autoridades de la ciudad. Una solución que, desde el momento en que servía para defenderse de otros grupos rivales y buscaba fórmulas —algunas de ellas ilegales— para conseguir ingresos para subsistir, también provocaban un incremento de la criminalidad en la comunidad.

Durante años, para la prensa neoyorquina, el Bronx fue el epítome de lugar peligroso. Sin embargo, a partir de 1971, los titulares de los medios de comunicación comenzaron a cambiar. El 30 de octubre de ese año, por ejemplo, The New York Times titulaba “200 jóvenes ayudan a limpiar una sección del Crotona Park East”. En el cuerpo de la noticia, el diario explicaba que los participantes “rastrillaron hojas y recogieron latas y botellas de refrescos. Barrieron los paseos, vaciaron cestas de alambre y aprendieron sobre la contaminación del aire y la contaminación acústica, gracias a los funcionarios de la ciudad que tripulaban camiones especiales”. Para finalizar, también mencionaba que, “mientras trabajaban para hacer el área desde Suburban Place hasta Charlotte Street algo más habitable, se sintieron entretenidos por el ritmo en auge de los Ghetto Brothers, una pandilla vecinal que ha desviado su atención de las peleas callejeras al mejoramiento ambiental”.

Ghetto Brothers era una de esas bandas de jóvenes portorriqueños surgidas en el Bronx que, entre otras actividades de apoyo a la comunidad, como la expulsión de los camellos del barrio, la creación de comedores populares, la organización de campañas de recolección de ropa o programas de apoyo escolar para los niños, habían fundado su propia banda de música. Además, en su empeño por mejorar las condiciones de vida de los vecinos, habían decidido rebajar los índices de violencia y los enfrentamientos con las otras bandas, con todo el riesgo que eso conllevaba para ellos mismos. En diciembre de 1971, sin ir más lejos, Cornell Benjamin “Black Benjy”, líder de los Ghetto Brothers, fue apuñalado y apaleado hasta morir cuando intentaba mediar en una pelea entre dos bandas rivales. Coherentes con la actitud pacificadora de Benjy, sus compañeros decidieron detener la escalada de violencia y, en lugar de vengar la muerte del amigo, continuaron con los proyectos en beneficio de la comunidad, incluido el musical.

“Comencé con el grupo con mis hermanos Robert y Victor cuando éramos niños. Primero aprendimos a armonizar escuchando a Alvin y las Ardillas, luego estudiamos a los Beach Boys y Frankie Valli and the Four Seasons, luego a los Beatles y nos enganchamos. Trabajamos el sonido de los Beatles con tal perfección que éramos también conocidos como Los Junior Beatles”, recordaba Benjamín Meléndez que, poco a poco, fue incorporando al sonido de la banda otras influencias como, por ejemplo, Jimi Hendrix o Santanta.

Víctimas de los prejuicios

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A principios de los 70, Ghetto Brothers —la organización— tenía alrededor de dos mil miembros, repartidos, además de en el Bronx, en lugares como Filadelfia, Chicago y Puerto Rico. Un colectivo bien nutrido que, si bien estaba centrado en la paz, la diplomacia y la música, como recordaba Menéndez, “también éramos duros cuando era necesario serlo”. Esto hacía que, en ocasiones, su labor en pro de la comunidad quedase eclipsada por el miedo y los prejuicios.

“Mi primer encuentro con los Ghetto Brothers tuvo lugar en el Bronx. Estaba trabajando para una tienda de discos en Prospect Ave llamada Mary Lou Records. El lugar había sido asaltado varias veces por la noche, por lo que el propietario, Ismael Maisonave, y yo dormimos en la parte trasera de la tienda varias veces, armados, con la esperanza de atrapar a los culpables”, recordaba Bobby Marin, productor del sello Salsa.

Una noche se produjo un nuevo robo y Maisonave disparó contra el intruso, que escapó del lugar. “Al día siguiente —continuaba Marin— nos acercamos a un grupo de jóvenes, que se hacían llamar The Ghetto Brothers, y los acusamos de haber irrumpido en nuestra tienda. Negaron ser los responsables. No les creímos hasta que, a los pocos días, apareció uno de los cabecillas con el herido, que no pertenecía a la banda. Nos pusimos a charlar y nos hablaron de su grupo de música. Fui a uno de los ensayos la noche siguiente y quedé impresionado con su sonido. Decidí grabar su álbum”. En consecuencia, una mañana, The Ghetto Brothers se trasladaron a los Fine Tone Studios de Manhattan en la calle 42 donde, en tan solo una jornada, grabaron Power-Fuerza. “Recuerdo lo serios que eran con respecto a su música. Lo puntuales que fueron y su actitud profesional hacia su trabajo”, relata Bobby Marin.

La copertina dell’LP ‘Power-Fuerza’, ristampato da Vampisoul. / CEDIDA

La decepción y el reconocimiento

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“¿Sabes cómo nos sentimos cuando miramos esa caja de álbumes que nos regalaron? Fue como cuando vimos a los Beatles por primera vez”, comentaba Benjamín Meléndez, que destacaba el impacto que el hecho supuso para el barrio: “La gente se sorprendía de que unos tipos que parecían pandilleros, cantasen canciones de amor”.

Ninguna otra banda del Bronx había llegado tan lejos como Ghetto Brothers. Sin embargo, ese futuro prometedor que parecía abrirse con la publicación del disco, no llegó a materializarse. Sin una distribución convencional ni promoción en medios, Power-Fuerza no se escuchó más allá de los límites del barrio y tampoco hubo una gira de conciertos que permitiera que los miembros de la banda rentabilizasen el trabajo hecho.

Cuando la discográfica hizo las cuentas, Ghetto Brothers apenas recibió 75 dólares por cabeza, lo que fue considerado una ofensa por algunos de los miembros de la banda, que no dudaron en ir a ajustarle las cuentas a Maisonave. “Un día, Victor, Robert y yo fuimos a su tienda, le dijimos: ‘Bueno, nos debes una’ y comenzamos a coger cosas. Me llevé un par de timbales”, recordaba Frankin Valentín, percusionista de la banda. A partir de entonces, el sello perdió todo interés en el grupo y prefirió olvidarse del LP.

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Las condiciones de vida del Bronx en los años 70 no eran precisamente las mejores para que un disco de vinilo se conservase en un estado aceptable a lo largo de los años. Ni siquiera los protagonistas, decepcionados por el fracaso de un proyecto que podría haber cambiado sus vidas, valoraron el objeto y, salvo el guitarrista, David Silva, ninguno conserva una copia. Más de medio siglo después de su publicación, Power-Fuerza se ha convertido en una pieza de coleccionista por la que se han llegado a pagar alrededor de mil trescientos euros. Hoy, gracias al sello español Vampisoul, este trabajo, definido como el “testimonio sonoro de la fusión de resiliencia, riqueza cultural e innovación musical de los Ghetto Brothers”, se puede conseguir en cualquier tienda especializada o en la propia web del sello alrededor de veinte euros, un precio más acorde con la filosofía del grupo: no solo permite acercar su trabajo a un mayor número de gente, sino que rompe con las dinámicas especulativas que tanto daño hicieron al Bronx y sus moradores.

 
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